
En el mundo contemporáneo y pulsatil y agitado y lleno de luces LEDs y beeps y herzios, ¿qué tan incoherente puede ser pagar por un poco de silencio? ¿Es acaso un euro con cuarenta y nueve demasiado? Probablmente la obra de Cage nunca tuvo un mejor mercado que éste, el nuestro-- dentro de poco el mutismo cotizará en bolsa y su lujo lo podrán costear aquellos magnates que no tienen que caminar a pie de calle o debatirse si dormir fresco pero con bullicio o acalorados con la ventana cerrada pero en silencio; no se puede rescindir de una sin ser contratacado por la otra. Entonces, al comprar silencio, si se pudiera magnificarlo como sucede con todo el resto de cosas de menos valor y más sondio, y ahogar la mundanal música y rítmo que tiene la ciudad todo el ajetreado día para poder, quizás, sentarse y pensar en cualquier cosa, en silencio, ¿no pagaríamos por esto?
Como era de esperar, lo que sucedió fue que en 2002 alguien hizo un versión similar a la de Cage pero más corta. Quizás fue símplemente una pausa para crear suspense, detenernos en el tiempo esperando la siguiente nota, o tal vez ésta nueva versión de Mike Batt es un guiño a que hoy por hoy lo que se necesita es todo lo que ya tenemos pero aún más rápido-- incluso el mismísimo silencio. Porsupuesto, los abogados, quienes han legislado ya sobre la propiedad intelectual de la afasia, demandaron a Batt, quien por atreverse a ultrajar los derechos reservados de la valiosa mudez tuvo que pagarle, probablemente a la vacuidad, una indemnización de seis cifras. Batt sigue afirmando que su obra es mejor que la de Cage, pues dijo lo mismo que él pero menos tiempo; mas a algunos, parezca mentira, todavía nos gustaría pensar que con el silencio siempre es mejor tomarse el tiempo para decir las cosas.
Foto de b3ni
Noticia original de Libertad Digital
1 comentario:
yo inisisto con quedarnos con los dibujos de el sitio ese en el km14.5 y venderlos con algun nombre raro...
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