
Cuando compré el pasaje, el viaje más barato me salía vía Perú. Ve tú a saber cómo funciona eso, porque me parece que Lima está más lejos que Guayaquil si vienes desde Madrid. Además, desde Lima tendría que haber tomado otro vuelo-- o sea que eran dos viajes. Pero, por razones que sólo el gurú ninja Leopoldo Abadía podrá explicar, el viaje directo me salía más caro.
Sin embargo, cuando llegué al puesto de LAN me avisaron que el vuelo a Lima estaba lleno, que me iban a poner en uno directo. Ya con eso me ahorraba no sé cuántos euros y no sé cuántas horas, pero ambas cantidades eran considerables. Me alegré, como es de suponer, y le dije a la chica que me atendía que si me ponía en primera clase me casaría con ella. Ella me dijo "no me haga sonrojar" con un tono de "no me hagas reír".
Mas resulta que me voy a tener que casar con ella, pues efectivamente, tres horas después, me promovieron a primera cuando se dieron cuenta de que 3 pasajeros teníamos asignada la misma silla. A uno lo barajaron por ahí, el otro se quedó con el puesto, y a mí me llamaron para adelante. Como buen optimista que soy, pensé que era para hacerme una de esas ofertas en las que te quedas del avión y te dan 50 euros y un saco de dormir.
Pero claro, me equivoqué; ¡Y qué error tan afortunado! No hay nada como poder dormir cómodamente en el avión.
Imagen de Esquire