Por el mes de la mujer
Desde la Cólquida para el mundo, a hacerle la vida imposible a quien se cruce por su camino: Medea, la bárbara, icono para las mujeres. Christa Wolf seguro vio en ella algo digno de valorar. Fue quizás la calidad de Medea para producir ungüentos i pociones, que bien se pueden reflejar en la habilidad que toda mujer necesita para la cocina, o su forma de dar direcciones- que bien es sabido que una mujer en general no puede dar direcciones, pero Medea logra, dándole a Jasón direcciones de forma perfecta, que este se haga poseedor del Vellocino de Oro. Quizás porque Medea representa una de las virtudes más grandes de la mujer, la maquinación maquiavélica, como fue cuando Medea descuartizó a su hermano, el pobre Apsirto, para que Eetes tenga que ir recogiendo, pedazo en pedazo, los restos de su hijo para poder darle un funeral digno.
Talvez lo que Wolf admiraba (i lo que la mujer en general admira de Medea) es su buena fama- esa fama que hizo que Hera tratase de enamorarla de Pelías, sabiendo que Medea iba a terminar matandolo al rey. Más o menos pasó así, bien fue que Hera tenía razón, pero era muy simple para Medea casarse con él i matarlo, mejor fue engañar a las hijas del rey Pelias para que maten a su pobre padre. Eso sí tiene el toque “Medea”, tan admirado por otras mujeres.

Bien hizo Jasón, una vez que llegó a Corinto, en sacarse de encima a Medea i dejarla por Glauca. Mejoró su posición social i se consiguió una mujer más joven: todo un ídolo para la hombría. Aquí toma Eurípides el entramado de los hechos: según la versión de este autor Medea mata a sus hijos para propiciarle a Jasón una de las cosas de las que las féminas también más disfrutan: la venganza.
“He resuelto, ¡oh amigas! Matar cuanto antes a mis hijos y huir de esta tierra, y no perderé el tiempo encomendando su muerte a manos más enemigas; sin remedio deben morir, y como es preciso, yo que los procreé, los mataré también. Ea, pues, ármate de valor. ¿Por qué titubeo en perpetrar males crueles, pero necesarios? Anda, mísera mano mía, empuña, empuña el acero (…)”
Esta cita va justo después del famoso soliloquio en el que Medea, quien parece estar a punto de arrepentirse de mandar a sus hijos al palacio para que conozcan la muerte, piensa “¿Serviré yo de risa cuando queden impunes mis enemigos?”. Ciertamente el orgullo de Medea vale más que vida misma de su prole, i la facilidad con las que los manda a su muerte es impresionante. Sí, Medea dudó- pero unos minutos de duda parecen muy pocos cuando se está por acabar la vida de los seres que engendró. ¿Se puede sacar de esto una lectura feminista? ¿De la mujer rabiosa e iracunda que para originar odio en el padre de sus hijos, los mata? Si se quiere pretender que una mujer que pueda dejar su canónico rol materno para cumplir sus metas es un ejemplo de liberación femenina, pues entonces ¿qué impide que algún asesino en serie se convierta en ejemplo para los hombres? Ni el coro, que es sólo mujeres, consigue mantener la simpatía por la protagonista-- ¿por qué es ahora Medea icono para la mujeres?
Pero sigamos con la historia de Medea. Medea lleva su don para la destrucción hasta Atenas, donde a Egeo le da un hijo, Medo, i le quiso quitar otro, Teseo. Mala relación maternal la de Medea, eso ha de ser lo que le gustó a Wolf. De ahí Medea huye a Asia Menor, donde se casa con un rey i le sucede en el trono- pero vuelve a la Cólquida para matar a su propio tío, Perses. Se dice que una vez muerta, en los campos Elíseos se casó con Aquiles- quien gana el título de héroe por aguantarla por la eternidad. No por nada el infierno es el infierno.

Desde el magnicidio, fratricidio hasta el infanticidio: como no va a propiciar Medea una linda lectura para las mujeres. Todas deberán querer emularla, pues es Medea un icono por su propio mérito
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Fuentes:
http://www.medea.com/
http://www.medea.be/
http://www.medearecords.com/