sábado, 29 de septiembre de 2012

jueves, 27 de septiembre de 2012

Huevitos de faltriquera o mollos

Con una receta como ésta fue que seduje a Lydia Hearst.

Ingredientes:
1 litro de leche entera.
2 libra de azúcar (2 tazas.)
8 yemas de huevos.
1 bolsa de azúcar impalpable.
1 bolsa de leche en polvo.
Papel aluminio.

1. Verter en una olla gruesa un litro de leche, las dos tazas de azúcar, y las ocho yemas-- las cuales se deben pasar por un cedazo para que no queden en la mezcla vestigios de clara.

2. Se hierve todo junto-- la leche se cortará; se debe revolver con una cuchara de palo-- el punto de mezcla es cuando se pueda ver el fondo de la olla.

3. Cuando la mezcla esté lista, y aún caliente, se le agrega cernida 3/4 de taza de azúcar impalpable y 1/2 taza de leche en polvo. La masa debe compactarse, pero no quedar dura.

4. La mezcla se envuelve en papel aluminio, y cuando ya esté fría se la guarda en la refri. Después de varias horas estará lista para hacer de ellas las bolitas en las que se presenta esta receta, con la ayuda de azúcar impalpable.

Tiempo de preparación: 1h20.

jueves, 13 de septiembre de 2012

El Podcast de Jorge Luis: Episodio 3

Un nuevo episodio del podcast; esta tarde espor grabar otro, que saldrá la próxima semana; por cierto, apréciese la muy profesional presentación (el anterior fue grabado con el micrófono interno de la compu y la todo que usé era de la webcam).


martes, 11 de septiembre de 2012

Sestina del milagro del Señor del Consuelo

A Eduardo Ycaza

¡Señor! ¡Cristo mío! Yo soy montubio
más pobre que los huesos 'e la muerte
y no tengo pa' ti más ofrenda
que rogarte del que a mi zurda
necesita, señor, tu milagro,
porque ya no basta mi consuelo.

En pobre llanto me desconsuelo--
la salud del niñito montubio
sólo volverá con un milagro--
¡Míralo en la sombra de la muerte!
¡Ésta lo posee con su zurda!
¡Su dolor es a mí su ofrenda!

Y si es que no hay mejor ofrenda
para ti, ¡mi señor del Consuelo!
¿Qué bastará de esta vida zurda?
¿De mi fiel pobreza de montubio?
¿Que ya ni la sombra de la muerte
alegrarme podrá en su milagro?

Pero si me haces el milagro
de curar a mi hijo con mi ofrenda,
¡haré plegarias hasta la muerte,
de rodillas! Y si al consuelo 
tuyo no le es basto, este montubio
entregará hasta su mano zurda.

Y el machete rozó la zurda,
y al niño le rozó el milagro,
y 'e rodillas cayó el montubio
y avanzó hasta que la ofrenda
fue la propia sangre que el consuelo
le arropó en diez leguas hacia la muerte.

Pero el niño abatió a la muerte
gracias a los dedos de la zurda,
y en su salud halló su consuelo,
del salvador Cristo, su milagro,
pues dando su vida en ofrenda
fue salvado po' el padre montubio.

El Montubio marchó a la muerte,
y la ofrenda de los cinco 'e la zurda
recuerdan el Milagro del Consuelo.

390
11 de septiembre de 2012

Contadlas, si son trescientos noventa, decidme que os parecen.


Sestina del Señor del Consuelo.

Ciertamente, nada me alegra más que las letras. Aún me faltan los últimos toques, pero, en menos de veinte minutos, he casi terminado con la sestina al Cristo del Consuelo. Antes de pulirla, como recuerdo de ejercicio, aquí el borrador original:


Montubio A
Muerte B
Ofrenda C 
Zurda D
Milagro E
Consuelo F

¡Señor! ¡Cristo mío! Yo soy un montubio
más pobre que los husos de la muerte
y no tengo para ti más ofrenda
que darte del que a mi zurda
necesita, señor, de tu milagro,
puesto que ya no basta con mi consuelo.

En mi pobre llanto me desconsuelo--
la salud de niñito montubio
sólo volverá con un milagro.
¡Míralo en la sombra de la muerte!
¡Ésta lo posee con su zurda!
¡Su dolor es a mí su ofrenda!

Mas si no hay mejor ofrenda
para ti, mi señor, mi Cristo del Consuelo!
¿Qué te bastará de esta vida zurda?
¿De mi triste pobreza de montubio?
¿Que ya ni la sombra de la muerte
alegrarme podrá con su milagro?

Pero si me concedes el milagro
de curar a mi hijo con mi ofrenda,
te daré plegarias hasta la muerte
sobre las rodillas de mi desconsuelo
y si esto no te es basto, este montubio
te entregará además su mano zurda.

Y el macheté rozó la zurda,
y al niño le rozó el milagro,
y de rodillas el montubio
avanzó hasta que la ofrenda
fue la propia sangre que el consuelo
le arropó en diez leguas hacia la muerte.

Pero el niño abatió a la muerte
gracias a los dedos de zurda,
y su salud fue su consuelo,
el salvador Cristo, su milagro,
pues dando su vida en ofrenda
fue salvado por su padre montubio.

El Montubio marchó a la muerte,
y la ofrenda de los cinco 'e la zurda
recuerdan el Milagro del Consuelo.

11 de septiembre de 2012


Sestina del Cristo del Consuelo

Siempre me gustaron los poemas del Cristo de la Quebrada-- que luego no se diga que no me gusta el verso libre-- y estoy intentando hacer una sestina basada en el de A. Sevilla Sinclair. Esto es lo que llevo; ya me queda poco para completar las 390 sílabas.

Éste es el remate:

El Montubio(A) marchó a la Muerte(B)
y la ofrenda(C) de los cinco 'e la zurda(D)
recuerdan el Milagro(E) del Consuelo(F)

Por cierto, en mi versión, el botija y la serrana son montubios y el Cristo en cuestión es el del Consuelo.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Carta abierta de agradecimiento a los chinos que viven en el piso de abajo

Queridos chinos del piso de abajo:

Gracias. Si bien a priori la privacidad podría parecer algo valioso en la vida cotidiana, la verdad es que en Guayaquil en general, y Puerto Azul en particular, pocos somos los que realmente sabemos qué ocurre en un departamento de chinos. Yo sé bien de qué van sus tiendas, pero no sabía nada de sus residencias y la falta de cortinas de su departamento me ha permitido una ventana libre hacia su chinesca vida.

Por ejemplo, ¿sabía Vd. que no viven tan hacinados como viven los productos de sus negocios? Ese es un dato que aún me parece muy interesante. En sus domicilios, además, tienen el hábito de andar semidesnudos, cuestión que tampoco podría haber aprendido sólo observándolos en sus lugares de trabajo-- so pena de que a lo mejor he estado yendo al mini-market equivocado.

Su falta de cortinas es, en sí, una decision sui géneris. Tampoco tienen muchas cosas más. Mis orientales vecinos carecen de muchas de las comodidades de las que nuestra consumista sociedad nos ha pensado que necesitamos tener. Me he podido fijar, por ejemplo, de que no tienen cubiertos, y que cada vez que necesitan algo para comer, parten astillas del tamaño de un lápiz #2 de la mesa de su comedor y la utilizan para ayudarse a comer. Tanto así, que el otro día vi que se les acabó la mesa y optaron por sentarse en el suelo, cosa que, dado su diminuto tamaño, quizás debieron hacer desde el comienzo.

Y no es que yo sea mirón, pero su flagrante desnudez también ha exhibida. Bien la sensación de disgusto que causa ver un cuerpo desnudo se ha visto siempre compensada por la subida de autoestima que siento cuando recuerdo que yo, a pesar de estar mucho más gordo que todos ellos juntos, ando mucho más justamente proporcionado, pero aún así preferiría igualar el terreno de juego cuando paso por su ventana, por lo que he optado por hacerlo, yo también, desnudo. Que todos podemos jugar a ese sucio juego.

Buenas noches,

Foto de Flickr