miércoles, 22 de diciembre de 2010

Sobre mudanzas y andar en tacones

"El que guarda, guarda pesares", decía mi abuela. Mi otra abuela, en cambio, decía "Guarde, mijito, que algún día servirá para algo". Nada que hacer, mi primera abuela le ganó a la segunda en sabiduría de mudanzas. Si llego a ver otra caja vacía guardada dentro de otra caja dentro de otra caja más grande dentro de una bolsa aún más grande, me pego un tiro.

Pero bueno, guardar cosas es entretenido. Tampoco quiero salir del closet todavía, pero confieso que me probé unos tacones. Y de los altos. Es que encontré unos y debían de haber sido de una man bien patosa, porque me cupieron. Porque claro, todo empezó con un "¿me cabrán?" y pasó a un "vamos a dar unas vueltas en mis nuevos Jimmy Choo, y debo confesar otra cosa: ¡duelen, los desgraciados!

No sólo duelen en los pies, sino que duelen en todos los otros músculos de las piernas. Ahora, no es tan difícil mantener el equilibrio-- por lo menos ebrio, que fue como obviamente decidí ponérmelos. Pero bueno, empatizo ahora, un poco más, con las pibas quejicas. Pero tampoco nos volvamos locos, afeitarse con una cuchilla, a la antigua, sigue siendo más arte que dar una vuelta en tacones… Ahora que lo pienso… Afeitarse con cuchilla en tacones… ¡Eso tiene que ser un arte! Por lo que, en conclusión, los travestis tienen que ser los machos alfas más alfa de toda la alfasidad.


Foto de Andrea Rinaldi

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