sábado, 15 de agosto de 2009

Divagaciones existenciales

Las cosas iban mal. Primero, me dejó de hablar. No mucho después, empezó la violencia. Sí, lo admito. La cosa pasó a las manos. Yo le daba a caña y me correspondía a patadas. Dolorosas patadas. Por supuesto, el castigo siguió por meses y meses. Hasta que ya no pude más. Era o reconciliación o muerte.

Pero yo me acuerdo que antes no era así la cosa. Al comienzo, en los buenos tiempos, todo era cariño. Me aceptaba cualquier cosa. Era mi cómplice. Íbamos juntos a todos lados y nunca me decepcionó. Y si había algún roce, todo se resolvía al día siguiente. Si nos acostábamos peleados, todo se arreglaba al amanecer. Pero las cosas no podían permanecer así. Claro que no, eso no podía durar para siempre.

Un día la cosa se fue cuesta abajo. Fue en una noche de excesos, como es recurrente --tengo entendido-- en este tipo de situaciones. Me dio una patada descomunal. La violencia nunca había alcanzado este punto. Y yo, dolido, destruido y un poco amarillento, decidí dejar la bebida-- el evidente causante de todo el problema. Hoy, 15 Hepagen después, mi hígado me ha vuelto ha hablar.

¡Qué gran alivio! Como soy un hombre de compromisos, he prometido tratarlo bien por unos meses más. Pero la inminente amenaza del trago siempre estará ahí, desgraciadamente, y se que esta tregua no podrá ser eterna. Pero por ahora, por lo menos me siento mejor. No mucho, pues sin alcohol ya no tengo para qué salir-- cosa que igual hago, sino, ¿qué más? A todo esto, ¿cómo se divierte la gente sobria?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo suelo emborracharme de amor, pero eso ya depende de cada uno.
N.P.U

Anónimo dijo...

Que fatal pasar por tu pág a los tiempos y encontrarme con que alguien más decidió poner iniciales, de la forma exacta que yo lo hago. Que falta de personalidad, ¿No se podría inventar algo nuevo?
L.Q.Q.D.

Anónimo dijo...

veo que eres el maestro de la controversia. Ñ

F.I.L.I.T.I.C.O.

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