martes, 25 de noviembre de 2008

De aquella vez que tuve que putear a Fariña

Cuando llegué a Recoleta, quise aparcar el carro en el aparcadero, como hace la gente. Así lo hacía siempre. Ya me conocían los guardias, ya les había dicho cuatro cosas, no recuerdo por qué. Alguna tontería habían hecho. El punto es que yo llegaba a Recoleta a una hora decente i cuando me quiero meter a la playa de parqueo, veo que hay un carro trepado en la rampa (la vía pública). "Ha de estar esperando a que alguien salga", pensé. Nada del otro mundo. Le das espacio a otro a que meta retro i luego tú entras. El procedimiento de toda la vida.

Pocos segundos después, fue evidente que el carro aquel estaba vacío. A estas alturas, yo tenía al camión de la basura detrás, no podía seguir, no podía entrar, no podía salir. Había un 4x4 ahí, sobre la acera, i yo necesitaba una explicación. "¿Qué carajo está pasando aquí?" le dije al tipo que se para i hace como si cuida los carros. El pana tenía cara de culpable; me intentó calmar. Obviamente no funcionó. Me callé cuando vi a un tipo alto i sonriente salir de Recoleta. "mueve tu puta mierda", le grité. Él no se inmutó. Sonreía, saludaba, entraba, movía el carro i así avanzábamos todos los que estábamos ahogando la Victor Emilio Estrada.

Dentro del parqueadero habían varias plazas vacías. El tipo ocupó la más cercana a la puerta. Cuando se bajó i pasó junto i a mi ventana, lo insulté. Mi ventana seguía arriba, así que él sólo debió haber visto un tipo haciendo bocanadas de malas vibraciones. Cuando salí, él estaba ahí, esperándome, junto a uno de los que lleva Recoleta. Abrí putéandolo. "Uno viene al bar a divertirse, así no puedes estar", me decía él. "Indiferentemente de lo yo venga a hacer aquí, no puedes hacer lo que se te viene en gana", decía yo. "Este es mi segundo hogar", me contestaba, "más allá de que un bar sea tu segundo hogar, so borracho, la vía pública no es tuya", decía yo, colando una palabra contundente por donde podía. "Así no puedes salir a divertirte", era su argumento, "bacán, pelado", fue lo último que le dije.

"Ese es Fariña", me dijo el flaco de la puerta. Yo no sabía quién era Fariña, pero aunque lo hubiera sabido, la respuesta saldría de la misma forma: "Puede ser el dueño del local, me da igual, se putea al que se tiene que putear". A estas alturas, debido al acento de Fariña i su conversación con uno de los de Recoleta,  empezaba a creer que era accionista o socio. Me iba a tener que buscar otro bar donde me aguantaran. Pero bueno, según lo que me cuentan, Fariña es un tipo que sale en la tele con las camisas de su hijo (i por eso el hijo tiene todas las camisas estiradas) i que canta i anima i qué se yo. Un éxito moderado, una estrella en su cuadra. Pero ese día dejó mal el carro, i yo estuve ahí, como buen guayaquileño, para putearlo.

6 comentarios:

Fito Valladares dijo...

Bien, bien, estoy harto de la gente sapa, sabida, dada de muy muy, yo tambien le hubiera puteado. Que se cree el man. www.realmenteestoyhatrto.blogpsot.com

Anónimo dijo...

putéame lo que quieras pero consume en mi negocio, pana.

f) fariña

Anónimo dijo...

Fariña go home!

Anónimo dijo...

"putéame lo que quieras pero consume en mi negocio, pana."
Buena esa moral ah!

duraznao dijo...

En fin!
De esa gente hay alguna en este lindo pais, lo que nos lleva a pensar que habrá para rato de puteo, no se me canse hermano..

Anónimo dijo...

anónimo del 1 de diciembre:

buenaza, pasa por mi local y te vendo un poco.

y al del 29 de diciembre:

i'm at home, dude!

f) fariña

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