martes, 11 de septiembre de 2012

Sestina del milagro del Señor del Consuelo

A Eduardo Ycaza

¡Señor! ¡Cristo mío! Yo soy montubio
más pobre que los huesos 'e la muerte
y no tengo pa' ti más ofrenda
que rogarte del que a mi zurda
necesita, señor, tu milagro,
porque ya no basta mi consuelo.

En pobre llanto me desconsuelo--
la salud del niñito montubio
sólo volverá con un milagro--
¡Míralo en la sombra de la muerte!
¡Ésta lo posee con su zurda!
¡Su dolor es a mí su ofrenda!

Y si es que no hay mejor ofrenda
para ti, ¡mi señor del Consuelo!
¿Qué bastará de esta vida zurda?
¿De mi fiel pobreza de montubio?
¿Que ya ni la sombra de la muerte
alegrarme podrá en su milagro?

Pero si me haces el milagro
de curar a mi hijo con mi ofrenda,
¡haré plegarias hasta la muerte,
de rodillas! Y si al consuelo 
tuyo no le es basto, este montubio
entregará hasta su mano zurda.

Y el machete rozó la zurda,
y al niño le rozó el milagro,
y 'e rodillas cayó el montubio
y avanzó hasta que la ofrenda
fue la propia sangre que el consuelo
le arropó en diez leguas hacia la muerte.

Pero el niño abatió a la muerte
gracias a los dedos de la zurda,
y en su salud halló su consuelo,
del salvador Cristo, su milagro,
pues dando su vida en ofrenda
fue salvado po' el padre montubio.

El Montubio marchó a la muerte,
y la ofrenda de los cinco 'e la zurda
recuerdan el Milagro del Consuelo.

390
11 de septiembre de 2012

Contadlas, si son trescientos noventa, decidme que os parecen.


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