martes, 17 de febrero de 2009

Bush

Para los profesores de historia la discusión sobre quién ha sido el peor presidente en los Estados Unidos es tan acalorada como cuando los amantes del fútbol tenemos una pugna para elegir entre Di Stefano y Maradona, sólo que en el debate presidencial no hay una respuesta tan maradónicamente clara. Ahora que George W. Bush termina un mandato de ocho años en los que parece que se ha esforzado en labrar un puesto en La Lista, es un buen momento para versar sobre los pocos atenuantes que le eviten el último puesto, la magnitud de sus agravantes, y revisar el trayecto de los otros contendientes que compiten por el codiciado título de lo peor de lo peor en la presidencia. 

A los americanos se les da muy bien eso de llevar estadísticas. Hace poco se celebraron 200 años desde nacimiento de Abe Lincoln y condujeron una entre varios historiadores para celebrarlo. Por supuesto, El Honesto ganó los primeros lugares en casi todas las categorías, que iban desde lo económico hasta la persecución de justicia igualitaria. Consistentemente, los historiadores juzgan a James Buchanan, Franklin Pierce y Warren G. Harding como los peores presidentes. Los pecados de estos últimos fueron malos manejos frente a situaciones de crisis (económicas y morales), malversaciones, mala conducta, fracasos militares, pérdida de la confianza de los votantes.

¿No tiene Bush todos estos elementos? Claro, pero también tuvo 8 años para conseguirlos. Ser un mal presidente implica tiempo y esfuerzo, y Bush no ha sido meticuloso y dedicado. La carrera de W al mando de la Washington ha tenido sus altos y sus bajos, y la historia deja tiempo para reivindicar. Nixon, el único presidente que renunció al cargo, fue evaluado negativamente inmediatamente después de esto. Su posición en el ranking no ha mejorado mucho, dicho sea de paso, pero lo poco que ha subido ha sido gracias sus libros y viajes de "buena voluntad" al extranjero; a R. Milhous Nixon se lo ha pasado a valorar por cómo negoció el cese al fuego en Nam, aunque la gente aún lo recuerda sólo por Watergate.

Al otro lado de la moneda y del espectro político, Harry S. Truman también salió de la Casa Blanca por la puerta chica. Bush y él comparten el dudoso mérito de haber cambiado el índice de popularidad de una forma estrepitosa y exponencial, con la diferencia de que Truman lo hizo hacia arriba y hoy por hoy es recordado como uno de los presidentes más grandes de los Estados. Es que la historia es sabia y sabe qué juzgar. Ciertas cosas pasan a la posteridad y para todo lo demás no existe Mastercard. En en caso de Bush, sucederá lo mismo.

Cuando se asiente la pasión de la memoria y se evalúe a Bush parsimoniosamente, recordaremos a Katrina cuando pensemos en cómo lidió con las catástrofes en casa. La caída económica no le va ayudar, y a pesar de que él no es ni remotamente directamente responsable, el momento de la llegada de la crisis no le ayudará en nada. Cuando se piense en su política exterior, quizás se olvide la historia del compañero Muntdar al-Zaidi, pero sus zapatos seguramente se aten con los anales de la historia. Abu Ghraib, Guantánamo y "Misión Cumplida" tampoco le van a hacer favores.

Los historiadores, hasta ahora, están de acuerdo. Pero lo que pocos saben es que, como grupo, los profesores de esta materia tienden a ser liberales. En el 2004, 415 historiadores participaron en una encuesta no partidista para la "History News Network" y el 81% dictaminó que la administración Bush fue un fracaso. Y eso todavía quedaban 4 años de Dubya para convencer al 19% restante. Y quizás no, porque varios de los que "alabaron" la gestión de Bush eligieron que había sido la mejor desde la administración Clinton-- 1 de cada 10 historiadores contestó así, y seguramente todos sabían que el equipo Bush no sólo era el mejor desde Clinton, también era el único.

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