viernes, 1 de agosto de 2008

¿Proteger a la familia?

Indiferentemente de si la constitución que se avecina es buena, mala, o todo lo contrario, hay argumentos i argumentos. Los pelucones de la vida lite, esos que se golpean el pecho dos meses cuando se habla de toros hasta que llegue el siguiente tema de moda, han cogido por decir que la constitución no protege a la familia por eso de que deja la puerta abierta al matrimonio homosexual. ¿Cómo atenta contra mi familia que mi vecino gay, Wilson, se case con el pelado transexual de él?

Pero no es a la familia vista como grupo de personas, dirán los tartosos entre los mudos, es la idea de familia como institución. Suena contundente meter la palabra "institución" en cualquier argumento, pero la realidad del caso es que el matrimonio es un contrato de conveniencia i en nuestra cultura el beneficio económico de esta unión es innegable, aunque obviamente no tan significativo como otros países ni tan apreciado como el simbólico. El hecho es que por la iglesia, que es donde se justifica el tire conejero ante los ojos de dios i su sociedad, nunca se va a permitir el matrimonio gay, ni es necesario, pues en lo legal, ¿quién les puede decir a los maricones que no se casen?

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